lunes, 26 de septiembre de 2011

Los Salvatorianos en el Ecuador

Los primeros misioneros Salvatorianos llegaron al Ecuador por primera vez en el año de 1893 por solicitud de Monseñor Pedro Schumacher, Obispo de Portoviejo, al Venerable Padre Francisco María de la Cruz Jordán, fundador de los Salvatorianos. Este aceptó la invitación para abrir una misión en suramerica, así que el 11 de agosto de 1893 envío a tierras ecuatorianas a cinco hermanas, Estanislada Racskoeski, Catalina Schubert, Agusta Burkhard, Dominica Viregg y Rosa Steinberger, y tres sacerodotes, Pacomio Eisele SDS, Patricio Kelle SDS y Macario Dicks SDS.
Pero cuando aconteció la revolución liberal,  siendo presidente Eloy Alfaro Delgado, tuvieron que salir todos los religiosos extranjeros, expulsados por su gobierno, entre esos se encontraban los religiosos y religiosas Salvatorianos.

De esta manera los religiosos Salvatorianos inician sus actividades apostólicas en la ciudad de Cartagena - Colombia, donde con el tiempo logran ser una Provincia Salvatoriana (nombre que se le da a una extensión de territorio en la que hacen presencia una comunidad religiosa). Ya en el año de 1987 la Provincia Salvatoriana de Colombia decide aceptar la petición de Monseñor Emilio Stehle, y regresar para abrir nuevamente una misión en la ciudad de Santo Domingo de los Colorados, hoy Santo Domingo de los T’sachilas.  Posteriormente se ve la necesidad de dejar esta misión y se acoge una parroquia al sur de Quito, que también se deja después de un tiempo; en la actualidad los Salvatorianos atienden la parroquia María Madre de la Iglesia en Quito y San Pedro de Cumbayá.
En este momento también las Hermanas Salvatorianas hacen presencia en la ciudad de Quito, barrio la Florida y se están gestando pequeñas comunidades de Laicos Salvatorianos, la primera es “Semillas Salvatorianas” que pertenece a la Parroquia de San Pedro de Cumbayá.
Los Salvatorianos se sienten agradecidos por la acogida fraterna que han tenido en el Ecuador, porque sienten que el deseo del Fundador poco a poco se va gestando con fuerza y firmeza. Hoy ya cuenta con jóvenes ecuatorianos en formación para la vida religiosa Salvatoriana y cuenta con Laicos Salvatorianos, que le van dando un rostro propiamente ecuatoriano a este carisma de la Iglesia Católica, dado a un hombre alemán que entregó todo de sí. 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Don del Espíritu Santo: Familia Salvatoriana

La Iglesia de Dios, conformada por todos los bautizados y acompañada por la jerarquía, es sostenida por la gracia del Espíritu Santo, pues es la promesa de Jesús: “Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 1426). Es misión del Espíritu Santo derramar su gracia en la Iglesia para que ella se impulse a la gran labor encomendad por el Hijo: “Ustedes vayan y hagan discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”  (Mateo 2819).

Fue don del Espíritu Santo a la Iglesia la vida del Venerable P. Francisco María de la Cruz Jordán, como también fue un don el carisma Salvatoriano. Pues este Venerable Padre, que escuchó la voz de Dios, es fundador de la Familia Salvatoriana, que está formada por los los Salvatorianos (Sociedad del Divino Salvador), las Hermanas Salvatorianas (Congregación del Divino Salvador) y los Laicos Salvatorianos. 

Inspirado en el evangelio de Juan (173) el P. Jordán siente la necesidad de unir a muchos para que fueran por todo el mundo anunciando que la vida eterna consiste  en conocer al verdadero Dios y a su enviado Jesucristo. Esta obra iniciada el 08 de diciembre del año del Señor 1881, es ahora conocida en 37 países en los cinco continentes. Realizan una labor pastoral muy amplia, atendiendo parroquias, centros educativos: escuelas, colegios y universidades, centros médicos, centro de formación cristiana, direcciones espirituales, inserciones en barrios populares, misión en países tercermundistas y también ha brindado a la Iglesia Obispos en tres continentes.     

El fundador de la Familia Salvatoriana insistía muchísimo a cada Salvatoriano que abriera las puertas a los laicos, que ellos debían entrar en la participación de la evangelización de una manera activa. Es así que los Salvatorianos se esfuerzan cada día para que los laicos sean protagonistas de la evangelización en su comunidad.  Junto a esta gran invitación fundacional, el P. Jordán también le insistía en tener presente la palabra TODO: TODO lugar, TODO idioma, TODA pastoral, TODA lengua, TODO grupo humano, TODO medio. Es decir recordar siempre la enseñanza de Cristo: “vayan por todo el mundo…”.  

sábado, 17 de septiembre de 2011

Inicio Prenovicio 2011

El sábado 10 de septimbre, en el mes Salvatoriano, nos hemos reunido en la Parroquia María Madre de la Iglesia - Quito, los hermanos Salvatorianos de la región del Ecuador junto con el Padre Juan Carrasquilla SDS, superior provincial, para darle la bienvenida al joven Walter Daniel Arévalo Vera, quien en la celebración eucarística dio inicio a su prenoviciado Salvatoriano. Muchos augurios para este joven hermano. 

Daniel nació en Santo Domingo de los T'sachilas, cantón Santo Domingo, el 1 de mayo de 1983, es el prmero de dos hermanos. 






lunes, 12 de septiembre de 2011

Venerable P. Francisco María de la Cruz Jordán, SDS



El 16 de junio de 1848, en Gurtweil-Alemania, en tiempos de una Europa revolucionaria, la segunda bendición para el matrimonio Jordán-Peter alcanza el gozo de la existencia en este mundo terrenal. El nacimiento de Juan Bautista Jordán, nombre que recibió en la pila bautismal, un día después de su nacimiento, será la alegría de don Lorenzo, su padre, y doña Notburga, su madre, la compañía de Martín, su hermano. Pero nadie sabía en ese momento que Juan Bautista trasformaría la historia de la Iglesia.

Este hijo de aquella Alemania descristianizada, entre luchas y sufrimientos financieros, alcanzará la gracia de Dios en el ministerio presbiteral, el 21 de julio de 1878 con 30 años de edad. Ya para este momento su espiritualidad a tomado una mirada de entrega a Dios, él dice: “Señor Jesucristo, decido y pretendo recibir hoy la sagrada orden del presbiterado para tu gloria y la salvación de las almas.  Toma y recíbeme como un perenne holocausto para Ti…  Infinitas gracias a Dios por toda la eternidad”.

Pero Dios tenía preparado para el Padre Juan Bautista Jordán algo más grande en el ministerio presbiteral. Dios lo había elegido “desde el vientre de su madre”, y le iba a dar “una gran descendencia” espiritual. Dios lo llamó, para que desde sus fortalezas y sus debilidades ofreciera a la Iglesia una gran familia que no descansará hasta que todos conozcan amen y sirvan al verdadero Dios revelado en la persona de Jesucristo. Esta gran misión revelada para el Padre Juan en las palabras de Jesús: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo” (Juan 173), es conocida en el mundo entero como la Familia Salvatoriana.

Siendo el P. Juan el primero en recibir votos religiosos en la Familia Salvatoriana recibe el nombre de Francisco María de la Cruz Jordán. En este nombre, que él eligió, podemos descubrir su profunda espiritualidad y entrega a la voluntad de Dios. Francisco, hace honor a San Francisco de Asís, en quien reconoce la grandeza de abrazar la pobreza. María, venerando a la Santísima Virgen María, primera cristiana que enseña que la fidelidad es fundamental en el seguimiento de Jesús. De la Cruz, glorificando al Verbo encarnado que dejó que el amor reinara y los deseos humanos sucumbieran, pues “toda gran obra nace a la sombra de la cruz”, afirmará el P. Jordán.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Celebración de la Beata María de los Apóstoles CDS

Hoy hemos celebrado con gran alegría la santidad de nuestra hermana María de los Apóstoles, declarada Beata por el Romano Pontífice Pablo VI. La familia Salvatoriana en el Ecuador se ha reunido para compartir tal alegría. Realizar esta celebración es tener claro que en la vida sí se puede optar por Cristo desde el Carisma del P. Francisco María de la Cruz Jordán, que es un proyecto bueno y muy completo, que verdaderamente el Espíritu Santo le ha concedido una verdadera vocación.

Dios siga bendiciendo nuestra familia y nos conceda numerosas voaciones, para continuar el deseo del fundador.
Presidente P. Bernardo SDS, Coordinador Regional, Der. P. Luís Fernan SDS, Izq. P. Luís Emilio SDS






Toda la familia Salvatoriana: Salvatorianos (Sociedad del Divino Salvador), Salvatorianas (Congregación del Divino Salvador) y Laicos Salvatorianos (Sociedad de Laicos Salvatorianos)

Después de la misa un pequeño compartir. La Laica Salvatoriana, Señora Alba Murillo, la Hermana Piedad CDS y el Padre Luís Fernán SDS, ofrecieron unas palabras a modo de brindis.


El Padre Bernardo SDS compartió una lectura en la que narraba el encuentro del Venerable Padre Frnacisco Jordán y la Beata María de los Apóstoles CDS, encuentro que nos despertó a la unidad y a la integridad de la Familia Salvatorian.


Beata Hna. María de los Apóstoles, CDS

Teresa von Wüllenweber nació en el castillo de Myllendonk, Alemania, el 19 de Febrero de 1833, siendo sus padres el Barón Thedoro Wüllenweber y la Baronesa Elizabeth Lefort.
Teresa, mujer de principios y de una profunda vida cristiana, desde muy temprana edad se encamina en la formación de las verdades eternas, poseía un espíritu sediento de Dios, de su infinito amor y de su presencia gloriosa. Es la sed por la divinidad la que impulsa a esta dócil mujer a vivir experiencias de consagración desde los votos religiosos en seis congregaciones diferentes. Su corta estadía en estas comunidades se debe al no encontrar radicalidad que le permitiese cumplir con sus deseos más profundos de un encuentro con Dios que le permitiese encontrar también al hombre.
Bien lo afirmaba San Agustín: “Nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón no descansará hasta que repose en ti”. Un corazón sediento, en búsqueda, no descansa hasta que se encuentre saciado. Eso era lo que acontecía en el corazón de la Teresa von Wüllenweber, ninguna congregación lograba concederle el agua suficiente para saciar su sed. Pues la acción del otro juega un papel importante en el encuentro profundo con el Señor.
Ese “otro” que aportó al encuentro entre Teresa y el Señor, fue el Venerable Padre Francisco María de la Cruz Jordán, Fundador de la Familia Salvatoriana. Él desde su respuesta firme y fiel al llamado de Dios ya en 1882 estaba caminando con la nueva fundación en la Iglesia, llamada en sus inicios Sociedad Apostólica Instructiva. Teresa se informa de esta obra de Dios por medio del Missionar, una revista católica que publicaba dicha Sociedad. Fue tal el impacto de la propuesta del Padre Jordán para Teresa, que sin perder un minuto busca a este joven fundador y empieza los diálogos necesarios para unirse a la misión. 
La claridad y la entrega total del Padre Jordán animan a Teresa von Wüllenweber realizar los votos perpetuos en la Sociedad Apostólica Instructiva, siendo así la primera Salvatoriana, y recibiendo el nombre religioso María de los Apóstoles. Ella con los muchos dones que el buen Dios le había concedido brinda a la comunidad la riqueza de su espiritualidad y sabiduría muy plasmadas en los muchos escritos que dejó.
La Iglesia universal al descubrir su encuentro profundo con el Señor y la entrega generosa a la humanidad la ha beatificado el 13 de octubre de 1968 y su fiesta se celebra el 5 de septiembre, siendo el Romano Pontífice Pablo VI.

jueves, 18 de agosto de 2011

FELICITACIONES

Queremos compartir con todos nuestros hermanos visitantes la alegría que nos embarga gozar de la presencia del P. Bernardo Ospina SDS en nuestra comunidad de Ecuador. Pues la Familia Salvatoriana ha reconocido su trabajo y compromiso con el carisma Salvatoriano y especialmente su entrega a la compañía de los Laicos Salvatorianos. Es por ello le ha otorgado una mención de honor y se la han entregado en el encuentro de Laicos Salvatorianos que se celebró en Cartagena Colombia en los últimos días.

Qué alegría poder gozar de estos reconocimientos, en los cuales nuevamente nos dice la historia que una entrega total y sincera sí es posible. Deseamos que este reconocimiento al P. Bernardo SDS contagie a muchos jóvenes a querer entregar su vida al servicio del evangelio, en la Familia Salvatoriana.




miércoles, 3 de agosto de 2011

Duelo


Los hermanos religiosos Salvatorianos nos unimos a toda la familia Obando Yepes, quienes han despedido a su padre Don Luís Emilio Obando al encuentro con el Padre Celestial. Nos unimos a nuestro hermano Luís Emilio Obando Yepes SDS, y lo acompañamos en este dolor famliar. 

Para unirnos a la plegaria del eterno descanso de Don Luís Obando participaremos y los invitamos a todos los conocidos a la eucaristia del día Jueves 04 de agosto de 2011 a las 11:00 am, que se llevará a cabo en el templo parroquial de San Pedro de Cumbayá. Presedida por el P. Emilio Obando SDS

La espiritualidad, en primer lugar

Hay Salvatorianos que no solo se dedican a trabajar en la vina del Señor, sino que también dedican tempo para estar con el dueño de la vina. Estos Cohermanos nuestros llaman la atención por su búsqueda de unión personal con Dios. Su vida de oración no es solo una actitud exterior: es algo que brota del corazón. En el sentido bíblico, el corazón ha sido considerado siempre como el lugar de la oración, tal como dicen las palabras del salmista: “Crea en mí, Señor, un corazón puro” (Sal 51, 12); o: “Te busco de todo corazón” (Sal 119,10). En el corazón esta nuestro centro, nuestra capacidad de sentir en profundidad, es el lugar de los afectos y de los valores. Por consiguiente, merece la pena observar y aprender de los Salvatorianos que hacen de la oración una de las tareas más importantes de su jornada. Personas ejemplares que rezan con el corazón, con su interioridad, con lo mejor de sí mismos. Personas que asumen la ardua tarea de construirse y de aprender a verlo todo como penetrado por la Presencia de Dios.

Para alcanzar este nivel de profunda experiencia de Dios es necesario un largo itinerario formativo, un continuo ejercitarse en la oración personal transformadora, que da vigor e impulso para realizar la misión. No se trata de ser más piadosos, ni de ser más fervorosos o de alimentar mas el sentimiento de “ser Salvatoriano”. Y menos todavía de esconderse bajo un espiritualismo estéril y falto de compromiso con la realidad. No es esta la dimensión espiritual de la vida religiosa que trata de “integrar cada vez mejor en nuestra vida la oración” (CO 501). A lo que aspiramos es a ser personas de profunda espiritualidad, de union con Cristo, ancladas en un proyecto de entrega por el Evangelio, ya que “si faltara este aceite, la lámpara se apagará” (Jordán, 23 de junio de 1899).

En nuestro camino de formación Salvatoriana existen “ejercicios fundamentales” que nos dan habilidad, fuerza y la disposición necesaria para todo lo que debemos hacer. Son aquellos elementos que necesitamos valorar y, tal vez, en algunos lugares, recuperar. Lo primero es rescatar el silencio exterior e interior. En general, el ruido y las interferencias ocupan nuestra vida apostólica de cada día y están presentes hasta en nuestras casas de formación y en nuestras comunidades. Es cada vez más difícil concentrarse, lo cual es absolutamente necesario para estar centrados en nuestra identidad, en nuestra misión y en los acontecimientos esenciales. Un segundo elemento es re-aprender el valor de estar a solas, la capacidad de convivir consigo mismo. No se trata de una soledad deshabitada, de un vacío existencial de Dios y de todos, que produce aburrimiento, angustia y lleva a la depresión. La soledad “habitada” es la capacidad de ir a lo profundo, a lo más intimo de nosotros mismos, disfrutando de la propia interioridad en la que “habita la verdad” (San Agustín), y enfrentarse, libre y profundamente, a las propias luchas y decisiones.

El silencio y los momentos de estar a solas son condiciones mas que necesarias para el desenvolvimiento de una espiritualidad que sea profunda, mediante la oración personal, la contemplación y la celebración. A menudo, a través de tiempos fuertes de interioridad, podemos ver con los ojos de la fe las realidades y los acontecimientos y encontrar en ellos el sentido de nuestra consagración de ser “memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús” (VC 22).

Es evidente que cultivar el silencio, la soledad, la interioridad, no significa refugiarse en el aislamiento, en el individualismo y en la total ausencia de solidaridad. !Todo lo contrario! Las personas de autentica oración no se colocan al margen de la realidad. Es su espiritualidad la que sustenta y anima toda la actividad apostólica, volviéndose como una lámpara ardiente que irradia ardor misionero y generosidad. Solamente a partir de la oración y de la contemplación podemos ser presencia evangélica en el mundo. Sin una unión intensa con Dios, sin una profunda espiritualidad, no existe fidelidad al carisma de la vida religiosa Salvatoriana. Somos todos convidados a revisar nuestras oraciones mecánicas, sin profundidad, incapaces de “sumergirnos en el océano profundo de Dios” (Jordán, DE I/150*).

Se trata de algo indispensable para nuestra opción de vida. Es urgente reavivar el autentico dialogo de comunión con Dios, reencontrar el sentido y la calidad de nuestra vida consagrada, porque como dice Juan Pablo II: “La vida espiritual debe ocupar el primer lugar en el programa de las Familias de vida consagrada, de tal modo que cada Instituto y cada comunidad aparezcan como escuelas de auténtica espiritualidad evangélica…Lo que puede conmover a las personas de nuestro tiempo, también sedientas de valores absolutos, es precisamente la cualidad espiritual de la vida consagrada, que se transforma así en un fascinante testimonio” (VC 93).

!Es el desafío de cultivar una espiritualidad profunda que nos alimenta, nos convoca y nos
envía para colaborar en la obra de salvación!

Milton Zonta SDS
Consultor General

sábado, 23 de julio de 2011

INVITACIÓN


“Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que él quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar”
Mc. 3, 13-19
_____________________________
La
SOCIEDAD DEL DIVINO SALVADOR
Se alegra de invitarlos a orar por la vida y la llamada de
MILTON CÉSAR PEÑA PERDOMO SDS
Quien el 25 de julio de 2011
 fiesta del Apóstol Santiago

Se consagra para estar con el Señor e ir a predicar el evangelio, desde el carisma Salvatoriano, herencia del

P. FRANCISCO JORDÁN SDS

domingo, 19 de junio de 2011

LUZ, RESPLANDOR Y GRACIA EN LA TRINIDAD Y POR LA TRINIDAD

Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal.

Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo.
San Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu, lo reduce todo al único Dios Padre, como al origen de todo, con estas palabras: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto, todo lo que da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre. De manera semejante, cuando el Espíritu está en nosotros, lo está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también el Padre, realizándose así aquellas palabras: El Padre y yo vendremos a fijar en él nuestra morada. Porque donde está la luz, allí está también el resplandor; y donde está el resplandor, allí está también su eficiencia y su gracia esplendorosa.
Es lo que nos enseña el mismo Pablo en su segunda carta a los Corintios, cuando dice: La gracia de Jesucristo el Señor, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos vosotros. Porque toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo. Pues así como la gracia se nos da por el Padre, a través del Hijo, así también no podemos recibir ningún don si no es en el Espíritu Santo, ya que hechos partícipes del mismo poseemos el amor del Padre, la gracia del Hijo y la participación de este Espíritu.
De las Cartas de san Atanasio, obispo
(Carta 1 a Serapión, 28-30: PG 26, 594-595. 599)

viernes, 17 de junio de 2011

EL PERDON ES DE CRISTO

El Señor añade una condición necesaria e ineludible, que es a la vez un mandato y una promesa, esto es, que pidamos el perdón de nuestras ofensas en la medida en que nosotros perdonamos a los que nos ofenden, para que sepamos que es imposible alcanzar el perdón que pedimos de nuestros pecados si nosotros no actuamos de modo semejante con los que nos han hecho alguna ofensa. Por ello dice también en otro lugar: Con la medida con que midáis se os medirá a vosotros. Y aquel siervo del Evangelio, a quien su amo había perdonado toda la deuda y que no quiso luego perdonarla a su compañero, fue arrojado a la cárcel. Por no haber querido ser indulgente con su compañero, perdió la indulgencia que había conseguido de su amo.
Y vuelve Cristo a inculcarnos esto mismo, todavía con más fuerza y energía, cuando nos manda severamente: Cuando estéis rezando, si tenéis alguna cosa contra alguien, perdonadle primero, para que vuestro Padre celestial os perdone también vuestros pecados. Pero si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre celestial perdonará vuestros pecados. Ninguna excusa tendrás en el día del juicio, ya que serás juzgado según tu propia sentencia y serás tratado conforme a lo que tú hayas hecho.
Dios quiere que seamos pacíficos y concordes y que habitemos unánimes en su casa, y que perseveremos en nuestra condición de renacidos a una vida nueva, de tal modo que los que somos hijos de Dios permanezcamos en la paz de Dios y los que tenemos un solo espíritu tengamos también un solo pensar y sentir. Por esto Dios tampoco acepta el sacrificio del que no está en concordia con alguien, y le manda que se retire del altar y vaya primero a reconciliarse con su hermano; una vez que se haya puesto en paz con él, podrá también reconciliarse con Dios en sus plegarias. El sacrificio más importante a los ojos de Dios es nuestra paz y concordia fraterna y un pueblo cuya unión sea un reflejo de la unidad que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Además, en aquellos primeros sacrificios que ofrecieron Abel y Caín, lo que miraba Dios no era la ofrenda en sí, sino la intención del oferente, y por eso le agradó la ofrenda del que se la ofrecía con intención recta. Abel, el pacífico y justo, con su sacrificio irreprochable, enseñó a los demás que, cuando se acerquen al altar para hacer su ofrenda, deben hacerlo con temor de Dios, con rectitud de corazón, con sinceridad, con paz y concordia. En efecto, el justo Abel, cuyo sacrificio había reunido estas cualidades, se convirtió más tarde él mismo en sacrificio y así, con su sangre gloriosa, por haber obtenido la justicia y la paz del Señor, fue el primero en mostrar lo que había de ser el martirio, que culminaría en la pasión del Señor. Aquellos que lo imitan son los que serán coronados por el Señor, los que serán reivindicados el día del juicio.
Por lo demás, los discordes, los disidentes, los que no están en paz con sus hermanos no se librarán del pecado de su discordia, aunque sufran la muerte por el nombre de Cristo, como atestiguan el Apóstol y otros lugares de la sagrada Escritura, pues está escrito: Quien aborrece a sú hermano es un homicida, y el homicida no puede alcanzar el reino de los cielos y vivir con Dios. No puede vivir con Cristo el que prefiere imitar a Judas y no a Cristo.
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
(Cap. 23-24: CSEL 3, 284-285)