miércoles, 4 de julio de 2012

Los Sacramentos


Objetivo:
                   Asimilar los sacramentos como medios formativos en nuestra vida. Aceptando que ellos nos trasforma la vida, nos encamina a la conversión y nos hace desear la vida eterna.  


Desarrollo del encuentro:
                   Celebrar los sacramentos es renovar la acción de Jesús entre los hombres, adelantar la vida eterna junto al Padre y vivir el presente con la gracia del Espíritu Santo. Quién celebra los sacramentos está lleno de la Santísima Trinidad. En los sacramentos nos comunicamos con Dios y Él nos entrega su gracia.

Los sacramentos, por ser realidad sobrenatural, necesitan, ante todo, la fe de quienes lo celebran, de lo contrario no hay frutos sacramentales. En el sacramento vemos símbolos que por la fe nos transportan a la acción sobrenatural de Dios en el mundo. Es decir, vemos agua pero es la purificación de Dios.

De esta manera aquella purificación de Jesucristo en el mundo, a muchas personas y grupos, se renueva en los creyentes de nuestro tiempo, anticipándonos, por la acción del Espíritu Santo, a la purificación que se vive eternamente junto al Padre. Por eso Leonardo  Boff enfatizaba en decir que “El sacramento es, por esencia, evocación de un pasado y de un futuro, vividos en un presente.[1].

Así descubrimos la misma esencia que contiene la sola palabra SACRAMENTO, que es:
sacra = “hacer santo”
mento = “medio para”

Los creyentes no estamos celebrando un rito del pasado o muerto, celebramos una renovación y de vivos, porque Dios es la vida plena. El Hijo vino al mundo para que todos tuviéramos vida en abundancia (Juan 10, 10). Él nos entregó los sacramentos como camino de vida y santidad. Y no hay que asustarse por la santidad, ella llega con la gracia sacramental y “la gracia no destruye la naturaleza humana, sino que la perfecciona”[2].

No se puede olvidar que, para que la gracia perfeccione es fundamental la fe del creyente que se abre al compromiso que impulsa el sacramento. De lo contrario se convierte en una acción de costumbre familiar o lo que es peor en un ritualismo dejando de ser sacramento.

Los sacramentos son acciones de Jesucristo (Hebreos 7-8) que celebra su Cuerpo (Romanos12, 4-5; Efesios 5, 23) que es la Iglesia, dándonos la gracia (Juan 1, 16-17) e impulsándonos a la acción sacramental (Hechos 6, 8; 15, 11).

La gracia de Dios es una, pero se nos da pedagógicamente y procesualmente, en cada sacramento nos enriquecemos a lo largo de nuestros días con la presencia santificante de Dios, por eso bien decimos que los sacramentos son el cairos (kairos) de Dios en nuestro cronos (kronos). De los siete sacramentos (Bautismo, Reconciliación, Eucaristía, Confirmación, Orden, Matrimonio y Unción) tres imprimen carácter: Bautismo, Confirmación y Orden. Estos tres sacramentos dejan visualizar la nueva alianza. Que fue sellada por Jesús el Cristo. Esta alianza es la Iglesia, un nuevo pueblo que continúa trasmitiendo la misión y vida de Jesús de Nazaret, él es la cabeza perfecta de un cuerpo “enclenque” formado por todos los bautizados. Quien celebra los sacramentos manifiesta su deseo de aceptar a Jesús y quien lo acepta quiere vivir su evangelio.

Enseñanza del encuentro:

Ø  Celebrar los sacramentos es renovar la acción salvadora de la Santísima Trinidad en la historia de los hombres. Impulsándonos a la acción redentora en el tiempo y el espacio en el que nos encontramos.

Ø  Los sacramentos nos permiten exteriorizar la relación que tenemos con Dios. “Entonces lo efímero se tras-figura en signo de la presencia de lo permanente; lo temporal en símbolo de la realidad de lo Eterno; el mundo en gran sacramento de Dios.”[3]

Ø  El presidente de la celebración de los sacramentos es Jesús el Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, quien da la gracia, Él se une con la Iglesia, el nuevo pueblo de la alianza, formando una sola realidad.


[1] Boff, Leonardo, Los Sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos, Iglesia Nueva, 12ª Edición, Bogotá-Colombia, 1995, p. 15
[2] Santo Tomás I, 1, 8 ad 2
[3] Boff, Leonardo, Los Sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos, Iglesia Nueva, 12ª Edición, Bogotá-Colombia, 1995, p. 11

miércoles, 20 de junio de 2012

Vocación a la Vida Consagrada


“Subió Jesús a una montaña y llamó a los que él quiso, los cuales se reunieron con él. Así instituyo a los doce, para que estuvieran con él y enviarlos a predicar” Marcos 313-14

El deseo de consagrar la vida entera a la contemplación y al trabajo del reino sólo puede nacer desde el llamado, Dios llama a varones y mujeres para tal entrega. El llamado de Dios requiere de una respuesta, generosa, entera, fiel, comprometida, sincera y de convicción. Por ello es deber del que ha sido llamado, trabajar cada día por trasformar aquellas cosas que no le permiten tal respuesta.

Ser uno o una de los que “él quiere” no equivale a ser un extraño ante los demás, un ser diferente o sin defectos. Equivale a ser, un ser humano con el deseo de enamorarse plenamente de Jesús de Nazaret, de tal manera que busque conocerle y desear todo cuanto Él propone. Es así que la vida consagrada no es mayor a las otras vocaciones que Dios nos puede invitar a vivir.


La vida consagrada no es y no puede ser un refugio de debilidades humanas, como tampoco es el lugar del acomodo o del descanso. La vida consagrada es la entrega por la construcción del reino de Dios propuesto por Jesús. La vida consagrada es la vocación para mostrarle al mundo que Dios ama y ama con toda fuerza. 


Dios ama cuando el pan y el vino es cuerpo y sangre de Cristo, cuando el sufriente encuentra paz, cuando los pobres consiguen sosiego, cuando los enfermos encuentran compañía, cuando los analfabetas aprenden a leer y escribir, cuando los indígenas y los negros son valorados como personas, cuando los presos sienten la presencia divina, cuando los varones y las mujeres mueren por causas justas, cuando las prostitutas y los homosexuales son aceptados como hijos de Dios y no rechazados por el pecado, Dios ama cuando un religioso o religiosa o sacerdote se entrega por entero al llamado que Él le ha hecho, poniendo todo sus dones al servicio de la comunidad. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Vocación a la Solteria


“Al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía que le dejara ir con él. Pero no se lo permitió sino que le dijo: vete a tu casa, con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti” Marcos 518-19

El evangelio no nos habla claramente de la vida de soltero, pero podríamos pensar que el personaje de este pasaje bíblico era un hombre soltero. Él, al recibir la misericordia del Señor quiere seguirle, quiere unirse a los doce apóstoles, quiere consagrarse a la presencia de Jesús. Pero Jesús es muy radical al negarle tal posibilidad, pues no todos están llamados a esa vocación, ni a la del matrimonio.

La vocación a la soltería es un llamado a vivir en medio de la sociedad de tal manera que todos descubran la dignidad del ser humano, hijos de Dios. El soltero(a) tiene el deber de mostrarle al mundo que Dios ha hecho cosas grandes en él o ella; no tiene toda la responsabilidad que se le entrega al consagrado religioso o sacerdote. Como tampoco está llamado a procrear, a tener hijos desordenadamente, pues el soltero no es un padre o una madre, la realidad paternal o maternal pertenece a los llamados al matrimonio, buscar un hijo por solo sentirse padre o madre puede ser un acto de egoísmo y de poco sentido cristiano.

La soltería es la vocación del orden, de la entrega, de la familiaridad, de los valores, de la amistad. Hay que tener mucho cuidado en pensar que tal estado de vida nos dejan las puertas abiertas para hacer y deshacer, con nosotros, con nuestro cuerpo, con nuestros dones, o con los demás. 


La vida del soltero, como la del consagrado o la del casado, debe estar al servicio de toda la comunidad, pues es un deber que se nos da en el bautismo. Es en cada vocación que debemos poner nuestros dones para una mejor y más grata convivencia.     

miércoles, 6 de junio de 2012

Vocación al Matrimonio


Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador al principio los hizo varón y mujer y dijo: el varón dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. Mateo 194-6

“Que ninguna familia comience en cualquier de repente”: esta exhortación tan sencilla, que la encontramos en una canción a la familia, nos dice mucho. Algunos se preguntan por qué hoy existen tantos divorcios, y la respuesta está en esa frase, porque las familias comienzan en cualquier de repente, la juventud no se da tiempo de conocerse; aquella realidad de enamorados o de noviazgo ha ido pasando a un segundo plano.

El matrimonio necesita iniciar con el conocimiento de la otra persona. Ya que el llamado a la vida matrimonial es el llamado a la unidad con una sola persona, es el llamado a compartir lo positivo y lo negativo de la existencia, es un llamado a lograr hacer de la existencia una vida.

La vocación del matrimonio inicia descubriendo que la otra persona es la indicada, que ella y no otra es “el regalo” que Dios me quiere dar. “Regalo” que acojo con el sacramento del matrimonio y con él mismo me comprometo a valorar, respetar, cuidar, admirar y sobre todo amar el regalo de Dios. El amor es el fundamento que hace posible la unidad de dos personas para toda la vida.

Los individuos que ante el testigo de la Iglesia, el presbítero, han aceptado “el regalo” de Dios deben estar dispuestos, como pareja, a recibir el fruto del amor, los hijos. Pero ellos no pueden remplazar ni aislar la relación de pareja; cuando una pareja camina en el amor, se refleja en la vida de sus hijos. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Vocación


Existe la idea que la vocación se ve orientada hacia la ocupación laboral, pero si la vocación es un llamado, y un llamado de Dios a un estilo de vida, no sería más acertado ver la vocación como aquella verdad que encierra toda la vida.

Es de esta manera que se puede decir con toda seguridad que existen tres vocaciones, que el Señor invita al ser humano vivir: vocación  a la vida matrimonial, vocación a la vida  religiosa o sacerdotal y vocación a la vida de soltero(a). En cualquiera de estas vocaciones ejecutamos los dones y capacidades que Dios nos ha concedido a cada uno, para servicio de toda la comunidad. Esos dones son lo que llamamos “los carismas”.

Hay que permitirle al Espíritu Santo que nos hable en lo más profundo de nuestro ser, para descubrir que vocación estoy llamado a vivir. Y tener el oído bien agudo para escuchar lo que repetidas veces el Señor nos dice: “No tengas miedo”. No hay que temer al sentir el llamado a la vida matrimonial, el llamado a la vida religiosa o sacerdotal, ni mucho menos temer al sentir el llamado de la soltería. Pero hay que ser muy respetuoso en la respuesta que nuestros semejantes dan a su llamado, Dios no se equivoca.


Si tienes clara tu vocación y quizá ya la estás viviendo, no dejes de encontrarte con quien te la regaló. En las dificultades sólo Él nos puede guiar y sostener. El matrimonio como la vida religiosa o la soltería tiene sus pequeñas piedras que hay que saber superar, y Jesús te ayudará

Convivencia "Movidos Por el Espíritu Santo"

Los días 26-27 de mayo de 2012 los jóvenes que se preparan para la confirmación en la catequesis Parroquial Doce Apóstoles, de la Parroquia San Pedro de Cumbayá han tenido una convivencia llamada "Movidos por el Espíritu Santo", en ella han fortalecido su deseo de servir a la Iglesia configurándose más fuertemente con Jesús de Nazaret. La convivencia se llevó a cabo en la casa de Espiritualidad Inmaculada Concepción y fue orientada por la Pastoral Juvenil Salvatoriana-Ecuador. 

No nos cansamos de decirle a Dios GRACIAS por tantas bendiciones. 

Participantes de la Convivencia Movidos Por el Espíritu Santo

Invocación del Espíritu Santo, pidiéndole sus siete dones

Equipo de Trabajo Pastoral Juvenil Salvatoriana

martes, 22 de mayo de 2012

La revelación de Dios en la vida del Seminarista o Religioso


“La naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien” (Gaudium et Spes 15)

La Palabra de Dios como cimiento de sabiduría debe ser escuchada con fe, ya que no son solamente verdades adquiridas con la ayuda de la razón, sino las verdades reveladas por Dios. Para nosotros seminaristas y religiosos es fuente de vida espiritual, alimento para la oración, luz para conocer la voluntad de Dios y la fuerza para vivir con fidelidad nuestra vocación. Entonces al tener diariamente en nuestras manos las Sagradas Escrituras, al acogerla como María y meditarla en nuestro corazón, seremos capaces de encontrar a Dios mismo, así lo afirmaba el papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica postsinodal “Pastores Dabo Vobis”: “al acercarnos y escuchar la palabra de Dios tal como es, nos hace encontrar con Dios mismo, a Dios que habla al hombre; hace encontrar a Cristo, el Verbo de Dios, la Verdad que a la vez es Camino y Vida. Se trata de leer las “Escrituras” escuchando las “palabras”, la Palabra de Dios” (Cfr. 47). 

La Palabra de Dios siempre nos inspira hacer hombres nuevos y santos, ella nos llama a una conversión continua. A la luz de la Palabra podemos ser conscientes de nuestra fragilidad, respondemos con la vigilancia y el arrepentimiento sincero, la corrección fraterna, el perdón recíproco y la aceptación serena de la cruz de cada día. Es decir estamos llamados a hacernos constantemente imagen de aquel que nos inspira. Los seminaristas y religiosos dirigidos hacia el ministerio sacerdotal, “in persona Christi” y bajo la escuela de Jesús debemos ser dóciles y radicales en nuestra formación, nuestra fortaleza debe venir de la unión íntima con el Maestro, que se encuentra escondido a la espera de ser desvelado en los Evangelios.

La Palabra de Dios nutre y renueva al seminarista y religioso. Hay momentos especiales en la vida del seminario y de la casa de formación, como el tiempo de las tardes de oración, el rosario, las oraciones matinales y vespertinas y la oración personal; los mismos que son una ocasión para escuchar la Palabra de Dios con profundidad; así es posible entonces discernir la voluntad del altísimo y purificar el corazón. Son momentos de gracia quedan a nuestro espíritu unidad profunda con el Señor Jesús que nos ha llamado a ser testigos fieles su mensaje salvador.

La Palabra de Dios nos mantiene unidos a Él, a su proyecto y nos recuerda su alianza. Podemos descubrir el bello plan que tiene para sus criaturas, donde simplemente nos debemos convertir en sabios oyentes de su palabra de amor. Escuchemos estando dispuestos a hacer abarcados por su Palabra.

Luis Miguel Aldaz
Seminarista
Seminario Mayor San José de Quito

sábado, 7 de abril de 2012

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Hoy la Iglesia universal está de fiesta, nuestro corazón está hinchado de infinito amor, ya que Dios lo  ha rebosado sobre la humanidad.

El amor de Dios es tan grande e infinito que nos sentimos llenos de esperanza. Hoy nosotros hacemos propias las palabra del Apóstol Pedro, que sin temor pero sí con seguridad catequiza a Cornelio, un hombre bueno, un gran filántropo, pero que carecía de la presencia de la verdad revelada, Jesucristo.

Es misión de los apóstoles anunciar “a tiempo y a destiempo” la verdad que ha bajado del cielo. Que nadie se quede sin conocer y amar al verdadero Dios y a su enviado Jesucristo para que así todos juntos podamos servirle.

No anunciamos la historia de un mito o una gran leyenda, anunciamos la verdad que “pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”. Somos herederos de lo que fueron testigo los apóstoles; y al igual que ellos nosotros, por el llamado a la familia Cristiana,  recibimos un encargo: “Nos encargó predicar al pueblo y atestiguar que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos.”. Esa es nuestra misión, anunciar y atestiguar la verdad.

Y la verdad, que se hizo carne, es el agua viva que baño a la humanidad de plena dignidad.

Por ello anunciamos y atestiguamos, que por más que aquella verdad fue y sigue siendo rechazada y crucificada, es la única verdad que da vida y la da en abundancia. Él ha vencido todo enemigo de la verdad con su resurrección, en él encontramos el sentido de la vida verdadera, que no es la perecedera y corruptible, sino que es la eterna y espiritual.

Jesús ha resucitado y con su resurrección nos dice que el mal y todos sus frutos no tienen la última palabra, también nos dice que no hay un fin sino una plenitud del ahora junto a la Santísima Trinidad.

Queridos hermanos que podamos gritar al mundo que la realidad humana ha sido dignificada por aquel “que pasó haciendo el bien” y que nos llama a la vida imperecedera porque nos ha abierto sus puertas.

martes, 27 de marzo de 2012

Juventud Salvatoriana

El día 25 de marzo los jóvenes que participan de la pastoral juvenil salvatoriana de las parroquias San Pedro de Cumbayá y María Madre de la Iglesia de Miraflores, han tenido un encuentro-retiro junto con los estudiantes Milton SDS y Alejandro SDS. 

El encuentro-retiro tuvo como finalidad fortalecer la relación de los jóvenes con Jesús de Nazaret. Fue toda una jornada de adoración al Santísimo, reflexión y meditación, como también tiempo de recreación. Los jóvenes vivieron momentos muy personales en los que buscaron la cercanía con el Señor Jesús. 

Ponemos en manos del Señor la vida de cada uno de ellos, pidiendo al buen Dios que aquello que ha sembrado en su corazón y mente sea fecundo para el bienestar de la Iglesia y la sociedad. 


Fueron 48 jóvenes que se dieron cita con el Señor 

Juntos oramos al Señor y con el Señor en el misterio Eucarístico

La Palabra del Evangelio nos iluminó 

Cantando en el acto mariano 

Momentos de meditación personal 






Escribiendo el propósito para cumplir en un año


La confesión como camino de renovación espiritual


La Eucaristía momento en el que culmina e inicia el caminar cristiano


Luego de la mística a la mastica




Y un buen encuentro de jóvenes con el Señor consta de una grata  recreación 



Recuerdo con cada uno de los nombres de los participantes,
y las palabras del Señor en el evangelio de Juan

Este fue el recuerdo del I retiro Juvenil Salvatoriano-Ecuador, 2012


lunes, 19 de marzo de 2012

La liebre y la tortuga ante un mundo globalizado

Por: P. Dennis Doren L.C.
 
Cada día el mundo globalizado te va marcando la pauta de que sólo no avanzas, que aunque tengas muchas cualidades y seas fuerte como el acero, si caminas solo todo se te hará más difícil. Esto mismo pasa en el ámbito familiar, laboral, estudiantil, empresarial. Lamentablemente, los hombres estamos muy ensimismados en nuestros triunfos personales, en nuestros objetivos y proyectos de vida, para alcanzar la así llamada calidad de vida. 

Creemos que nosotros con nuestras propias fuerzas somos capaces de todo, y lamentablemente vamos dejando de lado ayudas muy importantes, yo diría, esenciales. El egoísmo y la autosuficiencia van cobrando tal fuerza, que luego nos cobra la felicidad, el triunfo o la realización que a la hora de la hora nunca llegan. Aprendamos la gran lección que hoy la conocida fábula de la liebre y la tortuga nos enseña... ellas lograron entrar cristianamente al mundo globalizado, supieron aplicar la solidaridad y la subsidiaridad, es decir, en donde el más grande ayuda al más pequeño y el más pequeño aporta sus cualidades al más grande. ¿Recuerdas la fábula?

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para demostrarlo, decidieron correr una carrera; eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. Todos nos decíamos ¡ay, liebre presumida e ingenua, la pagaste cara! La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja
: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

Pero la historia tampoco termina aquí: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería; por eso desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba "¿qué hago ahora?" la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primero.

Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó, ¡y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose buenas amigas! Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella que habían experimentado en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales.

Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor. La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos... y ¡obtenemos mejores resultados!

¡Cómo me gustaría que esto sucediera en todas nuestras familias, en el mismo ámbito empresarial! es decir, que exista tanta unión, comprensión y colaboración, que el esfuerzo de todos, refleje una sociedad en donde se respire un crecimiento y una armonía que haga que se realicen los designios de Dios sobre los hombres.

lunes, 12 de marzo de 2012

Mons. Wilson Abraham Moncayo Jalil

Este 12 de marzo de 2012, a las 2 am, ha partido al encuentro con el Padre Celestial el Obispo de Santo Domingo de los T'sachilas-Ecuador. Por intersección de la Santísima Virgen María pedimos misericordia a Dios Trinitario para que lo acoja en su seno, en la "ciudad divina". 
Agradecemos a Dios por su servicio y su entrega a la Iglesia desde su ministerio sacerdotal, como párroco y como obispo. Bendito sea Dios por los frutos de su trabajo. Hoy pedimos paz en la casa del Padre. 
Los Salvatorianos nos unimos a su familia y sus hijos espirituales: sacerdotes, seminaristas y fieles de la Diócesis de Santo Domingo de los T'sachilas. 

jueves, 8 de marzo de 2012

DÍA DE LA MUJER


En este día especial para todas las mujeres del mundo queremos, los Salvatorianos del Ecuador, saludarles y desearle lo mejor de la vida. Aunque la ONU declaró en el año de 1977 el 8 de marzo como día internacional de la mujer, queremos recordarles que ya Jesús de Nazaret dignificó a la mujer hace más de 2000 años atrás. Él reconoció el valor de la mujer como creatura e hija de Dios. Ya el Verbo Encarnado le había dado un lugar en la sociedad y le había concedido igualdad. 

Querida mujer sienta siempre el amor que Jesús quiere entregarte por tu compromiso, por tu amor, por tu servicio, por tu ser de mujer. Dios te amó, te ama y te amará.